TU REFLEJO

“Un poema dedicado a los torbellinos que se marchan,
dejando rachas de melancolía”
Tu reflejo se aísla, se aleja,
se marcha por quejas de viejas tormentas.
Ya no lo veo en el espejo.
Tu reflejo solía arroparme,
historias contarme de guerras y glorias,
me ha dejado muy derrotado.
Tu reflejo camina en las sombras, mujer,
por otros mundos devorando alfombras,
dando lo que es mío a quién no merece.
Tu reflejo, averiado y palidecido,
saciaba la angustia que oculta el recelo.
Esa magia hoy ya no la tengo.
Más me contento, que las hojas del dolor se vuelen con el viento,
que el corte de tus clavos sanen con el tiempo;
que este triste tormento no se vuelva eterno;
que el más dulce de tus besos sea un recuerdo tierno;
que el azul de tu mirada no me queme por dentro;
que ya me deje de inhibir,
tu reflejo.
Bien quisiera olvidarte o arrancarte de mí,
hoy tacharte y mañana borrarte.
Con cada intento
aumenta el recuerdo.
Pienso en nubes y días
con rayos de sol,
se ilusiona, se me alegra el ceño,
pero tras mis ojos
aún siguen lloviendo.
Tu reflejo embota toda mi intuición,
debilita y mengua los deseos
que voy reviviendo
en cuerpos ajenos.
Y a lo lejos,
en callejas concurridas enfoca un catalejo
a un viejo retorcido pide a un espejo roto.
Su último capricho: sacarte de una foto.
—No sé qué conceder más que un cofre de oro.
—¿Y qué hago con tanto oro si no me enamoro?
¡No me explico!
Más me contento, que las hojas del dolor se vuelen con el viento,
que el corte de tus clavos sanen con el tiempo;
que este triste tormento no se vuelva eterno;
que el más dulce de tus besos sea un recuerdo tierno;
que el azul de tu mirada no me queme por dentro;
que ya me deje de inhibir,
tu reflejo.
© Héctor A López Olivera 2013
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¿Quién es Héctor?
Comencé a recetar soluciones para la amargura desde pequeño y en casa pensaron que sería doctor. Luego de un tiempo, mi madre … Más